Se cumplen 45 años del golpe de Estado más sangriento y vergonzoso de nuestra historia

OPINION

Era una mañana nublada como cualquier otra de aquel otoño insipiente, lleno de rumores y malos augurios. Finalmente lo que tanto se presagiaba, aquel secreto a voces que recorría las calles; se hizo realidad y el débil e inoperante gobierno de Isabel Perón cayó en manos de quién ella misma había llamado para entregarles la responsabilidad de salvaguardar la seguridad interior, los militares.

Comenzaba así la época más sangrienta que haya vivido nuestro país, cargada de miedo y de silencio. El supuesto orden político que propiciaban los militares y que muchos civiles habían anhelado con beneplácito traía escondido entre sus plieguen, el secuestro la tortura y la desaparición de miles de ciudadanos como nunca antes había ocurrido con ningún gobierno de facto.

De nada servían los intentos los recursos de «Habeas Corpus» que en otras dictaduras permitieron recuperar centenares de detenidos. De nada, las marchas de madres desesperadas en la plaza de mayo » Las locas de Plaza de Mayo» como alguna vez se las llamó, que recorrían calles y ministerios, que lloraran pidiendo explicaciones ante cada cámara de televisión que las entrevistaba, pidiendo por sus hijos.

El horror ya se había iniciado y el desquicio del vengador no tendría límites. Nadie ni siquiera en sus pesadillas más atroces podía imaginarse el grado de salvajismo y perversidad de los ejecutores. Tardaríamos muchos años en enterarnos los alcances de dicha venganza y las consecuencias que produjeron.

Por eso hoy más que nunca Memoria, como antídoto de males futuros Memoria. Hoy que todavía podemos preguntarles a quienes vivieron aquel horror. Memoria, Hoy que todavía estamos vivos para contar, Memoria. Porque los militares no llegaron solos, porque es cierto que los fueron a buscar, y que no pocos creyeron que aquel supuesto «orden» era la solución inevitable.

Porque todo esto pasó, nos guste o no nos guste, porque contar las cosas como nos conviene es otra manera de mentir. Porque quienes vendrán a habitar este suelo se merecen algo más que frases remanidas y de números. Porque mínimamente aunque fuera por vergüenza deberíamos aspirar a dejar constancia de las cosas con un poco de dignidad. Hubo un antes un durante y un después, Hubo culpables inocentes y cómplices. Hubo antes una violencia salvaje e incontrolable de la que nunca nadie se hizo cargo en su momento y de la que muchos parecen ahora incluso hasta jactarse. Hubo incluso muchos que incluso curiosamente huyeron a tiempo, como si conociesen la hora de ante mano. Hubo después una represión de estado genocida y salvaje que no merecerá nunca perdón ni olvido y hubo una iglesia católica que bendijo con su indiferencia el accionar de sus aliados.

Pero todo paso TODO, lo que nos gusta y lo que no nos gusta contar también pasó, y querer disimularlo hasta puede ser un acto de cobardía.

 

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