Un cura condenado a prisión perpetua pidió estar presente durante la visita del Papa

El ex capellán de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Christian Von Wernich, recluido en la Unidad 34 del Servicio Penitenciario Federal en Campo de Mayo, dirigió una misiva a monseñor Ariel Torrado Mosconi, obispo de la diócesis de 9 de Julio, para solicitar su intercesión ante la Justicia.

El objetivo del sacerdote represor consiste en obtener una autorización judicial para ser trasladado temporalmente a la cárcel de Villa Devoto, en el marco de la visita oficial que realizará el papa León XIV a dicho penal porteño.

En el texto difundido en las redes sociales por el Foro Argentino de Defensa, el sacerdote de 89 años argumentó su petición al alegar una avanzada edad, problemas de movilidad y los 23 años transcurridos en condición de detención.

Von Wernich solicitó que el prelado gestione el permiso ante el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, tribunal que dispuso su condena, para estar presente de forma exclusiva durante el tiempo que demande la estancia del Pontífice en la unidad carcelaria.

“Con todo el fervor de mi vocación sacerdotal —en la cual he servido en el pasado como capellán—, mi más hondo anhelo espiritual es poder estar presente en ese encuentro único con el Sucesor de Pedro para recibir su bendición tras la prolongada cruz que estoy viviendo”, expresó, en una parte de la misiva.

¿Por qué está preso?

Von Wernich resultó condenado el 9 de octubre de 2007 por un tribunal integrado por los jueces Carlos Rozanski, Horacio Isaurralde y Norberto Lorenzo.

La sentencia a reclusión perpetua consideró probada su coautoría y participación en 7 homicidios, 31 casos de tortura y 42 privaciones ilegales de la libertad cometidas dentro de la red de centros clandestinos de detención del denominado Circuito Camps, entre los que figuraban Puesto Vasco, la Comisaría Quinta de La Plata y el Pozo de Quilmes.

Foto: archivo NA/Pablo Busti/El Día.

Durante el proceso oral, más de un centenar de testigos y sobrevivientes acreditaron el rol del religioso como confesor del jefe policial Ramón Camps y su presencia activa en las salas de tormento.

Los testimonios documentaron que el cura concurría a los interrogatorios para obtener información de los cautivos mediante falsas promesas de liberación, además de justificar ideológicamente las ejecuciones y extorsionar a las familias de los detenidos desaparecidos solicitándoles dinero previo a sus asesinatos.

Fuente Border periodismo

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