¿Cómo piensan los jóvenes hoy? Claves para descifrar a una nueva generación
El docente-investigador del Departamento de Cultura, Arte y Comunicación de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), Mg. Santiago Hernández, es el responsable del informe “Radiografía de los jóvenes argentinos de 18 a 24 años”, un estudio que busca entender cómo construyen sentido político y cultural hoy: qué consumen, qué sienten, en qué creen y cómo imaginan su futuro, realizado a través del mencionado departamento, la Secretaría de Investigación y Vinculación Tecnológica e Institucional y el Observatorio de Políticas Públicas.
La investigación se realizó sobre 500 casos efectivos de jóvenes residentes en distintas regiones del país, y fue publicada en la página ADN|UNDAV.
Uno de los hallazgos de la investigación es la convivencia de expectativas positivas con un fuerte cansancio emocional. El 72% se imagina mejor dentro de cinco años, mientras que el 36,6% manifiesta sentir agotamiento emocional seguido y el 37,7% miedo al futuro.
“Pero esa esperanza es sobre todo individual: es la proyección personal, no la lectura sobre el país. Conviven porque responden a registros distintos. La esperanza se ancla en lo que cada uno cree poder controlar (el propio esfuerzo, el propio proyecto); el agotamiento responde a lo que no controla: la inestabilidad laboral, la falta de previsibilidad, la sensación de modo alerta permanente”, explica el Mg. Hernández.
Las dificultades materiales condicionan fuertemente esa expectativa. El 41,9% no está trabajando, mientras que el 29,7% no está estudiando. Además, el 69,8% vive con su familia.
Los datos también cuestionan la idea de una juventud volcada al emprendedurismo. Solo el 19% quiere “ser su propio jefe”, mientras que el 53% busca estabilidad o equilibrio. El deseo de emprender, sin embargo, llega al 25% entre quienes no cubren sus gastos básicos.
“Lo más revelador es que el emprendedurismo no aparece donde hay vocación, sino donde falta trabajo: es más frecuente entre quienes no llegan a cubrir gastos básicos, mientras que elegir un trabajo «por pasión» es casi un privilegio de quienes llegan bien a fin de mes”. En los focus groups, cuenta Hernández, esa búsqueda aparece de manera directa: “prefiero un trabajo fijo, 8 horas, algo seguro”.
sólo el 14% participa o se informa activamente en política; el resto se reparte entre indiferencia, desconfianza y un interés que se mira «desde afuera».
“Lo que explica la afinidad libertaria (que ronda el 46% de la muestra) no es el consumo de contenido libertario: el mapeo de cuentas muestra que el relato político explícito es casi inexistente en la dieta digital juvenil”, dice Hernández.
Lo que sí hay, explica el investigador, es coherencia de valores: individualismo, mérito, agencia personal, que llegan naturalizados a través del humor, el gaming y el entretenimiento, no de la prédica ideológica. Y también destaca una paradoja: casi la mitad de los jóvenes libertarios también quiere que «el Estado garantice que nadie quede afuera».
La relación con la Argentina tampoco es de rechazo absoluto. El 39% señala al país como principal fuente de enojo, pero cuando se pregunta qué los estresó durante el último mes, aparecen primero la situación económica o laboral personal (37%) y los estudios (30%). El país representa apenas el 4,7% como primera fuente de estrés.
“La metáfora que domina las respuestas abiertas no es la de un país fracasado, sino la de un país desperdiciado. La emoción predominante no es enojo: es frustración, que es distinto. El enojo cierra, la frustración todavía espera algo”, señala Hernández.
En este sentido, cuenta que en los focus group esto toma forma de metáforas muy físicas: la Argentina como una persona mayor con Alzheimer que repite errores, o como un adolescente que no mide consecuencias; pero incluso ahí aparece la idea de una primavera posible «si se ordena todo».
Fuente: ADN/UNDAV
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