El radicalismo en su encrucijada
El día de hoy, martes 30 de abril del 2024, en el cual escribo estas líneas, es un día de profundo pesar para los militantes radicales que crecimos a la luz de hombres y mujeres que han sido verdaderos conquistadores de derechos para este pueblo argentino. Se me nubla la vista al recordar a mis abuelos hablándome de Yrigoyen, de Balbín y de Illia, a mis viejos y a ese joven que fui, que militó en la Juventud Radical y en la Franja Morada, acompañando a Raúl Alfonsín en la gloria del triunfo del 83 y en la lucha desde el llano en los 90 y los 2000, con su prédica incansable, bregando por una verdadera democracia social.
Día gris, para los que militamos escuchando y admirando a mujeres cómo Florentina Gómez Miranda y tantas otras correligionarias que nos han dejado su ejemplo de una lucha que fue ejemplo y que no cesó hasta dejar este mundo.
Hoy palabras como traición nos hacen un nudo en la garganta y nos interrogan acerca de si vale la pena seguir luchando en este partido que otrora fuera intérprete del sentir y de las necesidades del pueblo argentino y cuyos representantes hoy (salvo honrosas excepciones) en el Congreso de la Nación, han escrito una de las páginas más oscuras en la historia del partido, dándole, a un gobierno que no cree en la Justicia Social ni en la Democracia, los poderes delegados para hacer a su arbitrio lo que quiera, y votando una ley base que es un verdadero retroceso en materia de conquistas sociales, perjudicado así al pueblo trabajador y a los que menos tienen.
Hoy, paradójicamente, la casta, la que tenemos dentro de nuestro partido, a título de “colaborar” con el presidente, quedó del lado de la historia que en un futuro no muy lejano le va a reclamar la responsabilidad de la desgracia de los desposeídos, aquellos que fueron la causa que nos vio nacer como partido.
Haremos un análisis de situación y veremos cuáles serán las consecuencias de lo decidido hoy en la Cámara de Diputados, pero primero necesitamos pensar más fríamente, y tomar fuerzas para seguir adelante inteligentemente.
Hoy mismo, sin lugar a dudas, debe comenzar la recuperación del Radicalismo Popular, somos muchos y debemos unir esfuerzos para que nunca más representantes que no nos representan ocupen espacios de tanta responsabilidad.
En su testamento político, antes de quitarse la vida, Leandro N. Alem escribió: “¡Ah! Cuánto bien ha podido hacer este partido si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores… ¡No importa! Todavía puede hacerse mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra. ¡Deben consumarla!”.
Es con esa juventud, pero también con los viejos militantes, que vamos a salvar al Radicalismo. Con los que sienten al radicalismo cómo una ética que guía sus vidas, cómo ese espacio en el cual podemos ayudar a mejorar la realidad de nuestros compatriotas. Es con ellos, y no con aquellos, que lo ven cómo la oportunidad de salvarse con un cargo en una repartición pública, que vamos a recuperar a este partido, para volver a ser, cómo dijera Silvano Santander: “la fuerza creadora y avasallante de las grandes esperanzas argentinas”.
Elbio Gustavo González
Unión Cívica Radical de Merlo
