La educación como rehén de la política
OPINIÓN
El 2021 llegó con un fuerte incremento en los casos de Coronavirus, una cantidad por ahora insuficiente de dosis de una vacuna no del todo confiable y los esfuerzos denodados esfuerzos del gobierno por reencausar la situación epidemiológica y la económica.
Lo que viene más allá de una segunda ola de Contagios y la amenaza de nuevas cepas, es la discusión en cuanto al re inicio o no de las clases, y éste es un tema no menor teniendo en cuenta que ninguna discusión es menor en tiempos pre electorales como los que se avecinan.
Ahora pareciera ser que a Nación también le interesa la vuelta a la presencialidad en las aulas, el Ministro Nicolás Trotta declaró días pasados que cada provincia tomara individualmente la decisión del regreso o no a las aulas. Hoy por su parte dijo que no es imprescindible que todos los docentes y auxiliares estén vacunados como condición «sine qua non» para la vuelta a las clases. Es obvio que es consciente de daño educativo que la falta de clases presenciales va a generar a futuro como una secuela más de esta pandemia y que la virtualidad ha generado un desgaste de maestros y profesores que no quieren volver a pasar por lo mismo que el año pasado.
Los sindicatos han manifestaron desde siempre su más cerrada negativa a la vuelta a clases hasta tanto este la vacuna, enfrentándose de manera tajante contra los intentos de retorno que el gobierno de CABA comenzó a proponer desde Septiembre del año pasado. El problema ahora es que es el mismo gobierno nacional, que responde al mismo signo político quién plantea esa vuelta.
Puertas para adentro no son pocos los docentes que le cuestionan a algunos sindicalistas haber sido sido demasiado condescendientes en los montos de los incrementos salariales aceptados con el nuevo gobierno , cuando en rigor de verdad la inflación en ningún momento bajo. A esto hay que sumarle el silencio indiferente de que mostraron , ante el intento político oficial de denominar «Continuidad Educativa» a la enseñanza virtual , sin tener en cuenta lo que debieron soportar los educadores para poder llevar a cabo sus tareas, incluso haciéndose cargo de los costos mantenerse » En línea» y conllevaba.
Y en el medio de esta discusión están los pibes, que no concurrieron a clase todo un año, que sufrieron un aprendizaje desprolijo e insuficiente, sumado al desarraigo hacia la escuela y algún que otro problema que los psicólogos pueden explicar mucho menor que nosotros.
Nos preguntamos cuantas propuestas de protocolo sanitario presentaron al día de hoy los que se oponen al regreso, de alguna u otra manera a clases. O se trata de una típica puja para medir fuerzas en la que la educción parece haber quedado como rehén. A qué aspiran a otro año de virtualidad y que opinan los docentes de enseñar otro año como el 2020.
Todas estas elucubraciones pueden derrumbarse si el índice de contagios se desborda de manera desproporcionada y el gobierno decide tomar medidas extremas pero, al día de hoy la situación parece estar planteada en estos términos
